Precalentamos el horno a 180 °C o 350 °F y engrasamos con mantequilla el fondo de un molde rectangular de 13 x 9 pulgadas.
Cortamos la barra de guayaba en porciones bien delgadas.
Cernimos la harina junto al polvo de hornear y la sal.
En un recipiente amplio ponemos la mantequilla y con una batidora de mano batimos por 30 segundos para que se suavice, agregamos el azúcar y la vainilla y batimos a temperatura media por unos minutos, hasta que la mezcla se vuelva de un tono más claro y veamos que el azúcar se ha integrado completamente.
Agregamos los huevos, uno a la vez. Esperaremos a que cada uno se integre completamente antes de agregar el siguiente.
Añadimos la harina en 4 partes, puede que al final necesitemos aumentar la velocidad de la batidora ya que la mezcla se nos irá haciendo más densa. Nos va a quedar una masa pastosa.
Agregamos la mitad de la mezcla en el molde que tenemos engrasado y alisamos lo más que podamos con una espátula para que nos quede parejo.
Cubrimos toda la superficie con láminas de pasta de guayaba.
Agregamos la segunda mitad de la mezcla y la extendemos y alisamos con una espátula. Esto requiere paciencia ya que al ser tan espesa resulta un poco difícil de manipular.
Horneamos por 50 minutos o hasta que se haya dorado la superficie.
Dejamos enfriar por 15 minutos, separamos los bordes con cuidado y volteamos sobre una bandeja.
Cuando se haya enfriado lo suficiente como para no quemarnos, le damos la vuelta nuevamente para que la parte que quedó hacia arriba cuando lo horneamos vuelva a ser la superficie de nuestro dulce.
Esperamos a que se enfríe completamente y lo cortamos en 15 porciones. Para que nos queden más parejas retiramos primero los bordes.